Los cinéfilos, o no tanto, recordarán aquella película protagonizada por Mel Gibson y Helen Hunt titulada en España “En qué piensan las mujeres”. En ella, el personaje que interpretaba el actor australiano adquiría la facultad de escuchar los pensamientos femeninos tras sufrir una descarga eléctrica en la bañera. El argumento está muy trillado y sigue dando pie a variaciones, algunas bastante afortunadas. Es el caso del personaje de Kelly en la serie británica Misfits, aunque en su caso, más que un superpoder lo que tiene es un castigo. Pero esto es ficción. En el mundo real, la intuición es lo más parecido que tenemos a la telepatía… al menos hasta que llegaron las redes sociales.
Nuestro gusto por el exhibicionismo digital esconde un lado positivo para empresas, organizaciones y personajes que tengan interés en conocer qué opinan los demás de ellos y cómo aprovechar esa información de forma beneficiosa. Una adecuada monitorización de medios sociales nos permite generar una imagen bastante aproximada de la imagen pública que proyectamos y que tan importante es en términos de reputación social corporativa y credibilidad. Dentro de dicha monitorización, las listas de Twitter puede ser una herramienta de lo más interesante para tener en cuenta.
Las listas son una práctica función de Twitter que a menudo se desaprovecha. Cada vez que nos decidimos a seguir un perfil, tenemos la opción de agregarlo a un grupo o lista propio que podemos hacer público o privado. El autor de una lista suele reunir en ella a personas o entidades que cuentan con alguna característica común que, a menudo, sólo conoce el propio usuario. Lo mejor de las listas es que hay que darles un nombre identificativo, y esa información es muy ilustrativa de cuál es nuestra posición pública.
Hagamos la prueba y tomemos como ejemplo a un conocido tuitero como es Alejandro Sanz. Con más de 3 millones de seguidores, es natural que muchos de ellos se hayan molestado en incluirlo en listas de Twitter. De hecho, superan las 24.200. ¿Bajo qué palabras lo enmarcan? Los hay que destacan su perfil como músico con palabras como “cantantes” o “música”). Otros se fijan en su vertiente más próxima a la prensa rosa (“farándula”, “famous-people”) y los hay que simplemente lo ensalzan en su conjunto (“los mejores”).
No todo el mundo tiene la misma suerte. Ni siquiera el propio Alejandro. Fijémonos en los políticos. El equipo electoral de Alfredo Pérez Rubalcaba (@conRubalcaba), estrenado recientemente para la campaña del 20-N, ya aparece clasificado en cerca de un millar de listas. Muchas usan palabras clave muy descriptivas, como “política”, o “políticos”, pero otras dejan a las claras la visión que tienen de él los usuarios, como “trolls de cuidado” o “hijosdeputaconuniforme” (con perdón), donde comparte espacio con @marianorajoy. Éste, en su descargo, aparece mayoritariamente catalogado como “político”. Su posicionamiento es, en ese sentido, bastante claro, como parece serlo el de una figura como el presidente venezolano, Hugo Chávez. Sí, se trata de un político, pero llama la atención que figure en muchas listas en las que la palabra clave es “amigo”. A pesar de las controversias que despierta, ilustra también lo que representa para muchos de sus seguidores. ¿Será consecuencia del enfoque de su programa “Aló, Presidente”?
Con las empresas, podemos hacer el mismo sano ejercicio. Algunas entidades financieras pueden descubrirse etiquetadas en grupos en los que preferirían no estar. Otros, como @GuiaRepsol, pueden encontrar en sus listas la definición perfecta de lo que significan para su público: turismo, gastronomía y cocina, enología e incluso… community management. Algo deben de estar haciendo bien.
Llegados a este punto, podemos ir más allá en nuestro análisis. ¿Por qué aparezco en unas listas y no en otras? ¿Cómo aparece catalogada mi competencia? ¿Puedo aprovechar a mi favor el trabajo de segmentación previo realizado por los usuarios de Twitter a través de sus listas públicas? Merece la pena probarlo.
Donde nos quedamos con las ganas de profundizar a este nivel de detalle es en Google+ y en Facebook. Los círculos de la red social de Google son la versión avanzada de las listas de Twitter, pero aquí tenemos más libertad aún para expresarnos al etiquetar a nuestros contactos porque dichos círculos no se comparten en público. Lo mismo sucede con las listas de Facebook. A fin de cuentas, siempre es recomendable que conservemos un mínimo nivel de privacidad e intimidad, así como un poco de diplomacia en nuestras relaciones personales. Ser brutalmente sinceros como el Dr. House o la protagonista de Bones (la doctora Temperance Brenan) ayuda a dejar claras las cosas, pero a costa de quedarte sin amigos.
Carlos Molina

Medir cualitativamente la relaciones que se establecen a través de los Medios Sociales 2.0 es posible. La calidad, la participación y la influencia son los criterios que no debemos perder de vista. Para la revolución social 2.0 esto es una gran noticia, así como, para los profesionales de las relaciones públicas y la comunicación que son los que se ocupan de esa interpretación y medición. Clientes, empleados, vecinos, administraciones públicas, inversores, ONG… mantienen conversaciones sobre cualquier producto o servicio de una compañía. Además cuelgan videos con opiniones, comparten fotos y publican quejas en los blogs, foros, chats. Todos estos diálogos conllevan una repercusión que afecta a la reputación de las compañías. Si no se cuenta con una monitorización y análisis permanente, cualquier queja pude convertirse en una crisis en cuestión de horas. Las consultoras de relaciones públicas y medios sociales, no tan solo realizamos el seguimiento de la reputación de las compañías en los medios sociales, si no que ayudamos a: 1) interpretar los datos obtenidos, 2) recomendar las mejores opciones, 3) hacer comprender de qué manera las personas comparten información sobre las organizaciones en las plataformas 2.0 y 4) recomendar claves para que acaben uniéndose a ellas.
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