Mucho se ha escrito ya sobre la relación de las marcas con los y las blogueros/as. Incluso en este mismo blog ya hemos reflexionado en alguna ocasión sobre el tema pero, sinceramente, parece que no aprendemos, a tenor de los muchos posts que he leído estos días sobre lo mal que lo seguimos haciendo. Como apunte, que conste que el uso del plural mayestático en este primer párrafo es simple cortesía.
Creo que nunca hemos pecado de errores tan garrafales como los descritos en estas publicaciones a las que me refiero, y por muchos motivos. El primero de ellos es que casi todos los que trabajamos en Best Relations somos blogueros y también hemos “sufrido” lo nuestro con algunas propuestas de agencias de comunicación y marcas no muy bien orientadas.
Los propios blogueros se han animado a hacer listados de consejos para que estas relaciones sean fructíferas y, en su mayoría, se basan en 3 puntos:
- ¡Conóceme! y, por favor, no empieces con frases como “Nos gusta mucho tu blog y hemos pensado que pruebes una taladradora eléctrica… “.
- Hola, ¿hay alguien ahí? Soy una persona que habla con personas, tengo nombre, apellidos, no me llamo “webmaster” ni “querido/a amigo/a”. En mi caso, escribo sobre maternidad y no hago bricolaje.
- Un periodista, ¿dónde? Por favor, no me mandes notas de prensa. ¿Me ves cara de periodista? Sin ánimo de faltar a los periodistas, ojo J. No, no me interesa tu nuevo modelo de taladradora.
- No dispongas de mi blog, ¡éste es mi reino! Y ¡NO ME GUSTÁN LAS TALADRADORAS!
Como bloguera, me atrevo añadir alguna cosa más que, a mí personalmente, me pone los pelos de punta:
- Por añadir “je, je, je… “ al final de cada párrafo no me vas a convencer. No voy a publicar lo que me pides, ni aunque me lo pidas como favor “personal”.
- Si me has mandado cinco emails y no te contesto, no es un problema del servidor. ¿Será que no me van las taladradoras?
Cuando leo algunos emails que recibo de agencias de comunicación reputadas o incluso de grandes marcas, me cuesta creer que se tenga tan poco sentido común. Da la sensación de que la relación con blogueros es el último eslabón en la estrategia de comunicación y que se hace a la ligera, sin valorar el daño que puede hacerse a una marca si un día alguien más enfadado de la cuenta hace público los mensajes que se llegan a recibir.
Leyendo entradas como ésta de Enrique Dans, siento que flaco favor se nos hace a las agencias de comunicación con este tipo de prácticas. No quiero ponerme tremendista, pero a veces me da vergüenza que se haga tan mal el trabajo.
Y desde luego, no será porque no hay información en la Red sobre el tema, porque se han escrito ya ríos de tinta sobre la cuestión desde tiempos inmemoriales, allá por 2007, cuando Eva Sanagustín escribió Blogmarketing: Manual de buenas prácticas. ¿Va a ser desidia? ¿Falta de profesionalidad? En los tiempos que corren, no creo que nos lo podamos permitir.
Begoña González




