Cuando afronto una formación me da por iniciar la charla con una sentencia: “Yo de esto no tengo ni idea… Si tengo que ejecutarlo, seguramente sea un desastre, pero procuro saber para qué sirve y qué puedo obtener a cambio”. Lo hago por dos razones. La primera, porque en parte es cierto: hay muchos y muy buenos profesionales de cada una de las ramas del social media que me pueden dar sopas con ondas; incluso no profesionales, como los niños de ocho años que, según cita del director de esta agencia, Stephan Fuetterer, “son ahora nuestros competidores más temibles”. La segunda razón es estratégica: suele servir para amansar a la audiencia y que entienda que enfrente no tiene a un killer, sino a un ayudante cuya misión es, entre todos, extraer ideas, conclusiones y propuestas.
Para hablar de Google+ me sucede exactamente igual. No conozco todo lo que algunos monstruos del negocio sí dominan, ni pretendo aparecer ante nadie como gurú del asunto. Sí “me gusta” (+1), sin embargo, pensar que la primera guía de nuestras acciones debe ser qué podemos obtener de la utilización de esta herramienta. Y la semana pasada ha venido que ni pintada para hablar de ello, una vez que los reyes del mambo de las búsquedas abrieron su red social a las empresas. La pregunta se oyó repetida por doquier: ¿hay que estar? ¿Tienen que abrir un perfil en Google+ las empresas?
Desde el verano no se habla de otra cosa en el mundillo, de forma casi monotemática: guguelplus sí – guguelplus no. Y a todos nos ha dado más o menos tiempo a recabar todo tipo de impresiones. Relato las mías, que para eso llevo la batuta de estas líneas. Relato cuatro principales, y por orden cronológico: la primera, “lo han hecho muy bien, han ido a buscar a los tuiteros, no van a por Facebook, van a por Twitter”; la segunda, “no fastidies, esto es más de la burbuja social media”; la tercera, “¿que estás pensando en dedicarle tiempo a Google+? ¿Y para qué? (y risas)”; la cuarta, “lo último ultimísimo está en Google+, es más, Twitter y Facebook ya están demodé, y cada vez más”.
Creo que cada cual tiene su cuota de verdad. Pero si repasamos el historial de Google, su política de crecimiento se ha basado en una apariencia de estado ideal de libre competencia, en su archiconocida consigna “don’t be evil”, y en un casi insultante dominio de la sencillez, la usabilidad y la eficacia. Su buscador entró sin hacer ruido y desbancó al resto. Sus servicios de suscripción quizá no sean lo más inn, pero al final nos encanta echarnos en manos de mamá Feedburner-Google para medir cómo vamos de fans “de los buenos”.
Cuando ya sabíamos movernos por callejeros digitales e inventillos similares, Google mapeó cada esquina de cada ciudad… y luego las fotografió; y cuántos de nosotros no confirmamos la dirección exacta de una cita tomando referencias en el Street View. Cuando Google Video no era capaz de hacer sombra ni a Dailymotion, le echó el guante a Youtube y se lo quedó. Rebautizó Messenger como Gtalk. Y sí, su Picasa y su Latitude son los hermanos menores de Flickr y de Foursquare… por ahora.
Si miramos al futuro, que pasa por la desaparición total de interfaces, casi se puede adivinar un laissez faire, laissez passer en los sistemas de reconocimiento de voz y de gestos desarrollados por la competencia, sólo para que el día de mañana nos veamos utilizando los dispositivos Google que hayan mejorado y sepultado a los que abrieron la brecha. De hecho, en los de voz ya empieza a entonar el do de pecho.
Google también ha vivido en sus carnes el precio de ser antecesor. Se habla del fracaso de Buzz y de Wave, pero abrieron la brecha del cloud computing y del cloud thinking como alternativas válidas. En todo caso, su tradición es incorporarse “sin hacer ruido”, y valga la pena el entrecomillado, porque los usuarios de Google+ siguen creciendo a razón de varios millones la semana.
La pregunta esta vez no es “para qué sirve” estar en Google+, contar con perfil activo, y ocuparse de actualizarlo. La pregunta es si en honor a su tradición (irrumpir poco a poco), llegará a ocupar una posición de dominio tan amplia como la de su producto principal. Tanto si la respuesta es afirmativa como si es negativa, con ninguna firma como con esta vale tanto aplicar el cacareado mantra del social media: entrar cuesta muy poco, pero quedarse fuera puede salir muy caro.
Mientras el proceso se fragua, nada podrá impedir que surjan entusiastas y detractores, casi a partes iguales, alimentados en más casos de los que nos gustaría pensar por intereses comerciales, corporativos o con escasa mentalidad filantrópica. Si el final del recorrido confirma a los primeros, de ellos nacerá una generación que conocerá todas las posibilidades de la red mayoritaria. Si por el contrario los descreídos acaban teniendo razón, los entusiastas sólo experimentarán un viaje de ida y vuelta, y ayudarán con los conocimientos adquiridos a mejorar la conversación, se llame como se llame la red que tenga mayor presencia.
Y todo ello sin olvidarnos de las claves del futuro: líquido, neuronal, semántico y global. Que los juguetes se llamen círculos, listas, +1, likes o followfridays es lo de menos. Pura anécdota. Lo relevante es la posibilidad que represente. Es decir: la potencia, no la cantidad.
Alfonso Piñeiro



twitter divulga (todos realtime), facebook conversa (global y en cantidad), Google+ debate (con quien quiero +calidad)
Asi lo veo yo…:-)
¿Y Linkedin, Dioni? También he oído este año que se iba a consolidar como la red social de 2011, y a pesar de sus muchos cambios (entre ellos la impresionante versión mobile), no acabo de ver su despegue.
Un contacto “tuitero” me escribió esta mañana que Google+ triunfará si te obliga a estar dado de alta (entiendo que quería decir logueado) para realizar una búsqueda. Me parece razonable… pero no sé si viable.
Gracias por tu comentario. Un abrazo.