Si uno busca Volunia en la enciclopedia abierta de Internet, Wikipedia, se encontrará con una descripción de una sola línea, al menos ahora mismo. En inglés la descripción es algo más generosa, pero sin salirse de los límites de los somero y puramente funcional. En parte, porque ni la propia Volunia (volo + luna: Fly me to the moon) da excesivas pistas sobre sí misma. Y en parte, porque por el momento es una beta privada con acceso sólo para sus denominados “power users”.
¿Qué es Volunia? Según los adictos al early adopting, es el buscador llamado a borrar a Google del mercado –nada menos–. Y citan a su fundador, Massimo Marchiori, el ingeniero que hizo posible el PageRank de los de Page, Brin y Schmidt. Los más escépticos le dan (para eso son escépticos) menos de dos meses de vida. Y sus creadores afirman que no pretenden ser competencia, sino complemento de Google y otros (¿hay otros?) buscadores.
Volunia introduce, al menos, dos perspectivas de la Web que hasta la fecha no han sido abordadas a gran escala.
Una, el planteamiento de las páginas como un mapa de servicios hiperenlazados, y no como soportes de expresión con relaciones horizontales y verticales. Dos, el escalado del concepto “redes sociales” en función del destino del usuario web, como sublimación de la posibilidad de hacer likes, +1 o tweets sólo para mayor gloria de los administradores o autores de dichas webs.
El objetivo apunta a la generación de tráfico diferido o “híper-referido”. Es decir, si tomamos la Web (sí, toda la Web) como una gran ciudad, Volunia pretende que nos encontremos con quién conversar en tiempo real en cada uno de nuestros focos de interés; y a su vez que esas relaciones formen inmenso tejido, mas no maraña, para orientar nuestras pesquisas a raíz de nuestros intereses online.
Pensemos en edificios. Lo novedoso de Volunia es que hasta la fecha llegábamos a un edificio y luego pasábamos por los grandes hoteles Social Media (Facebook, Twitter, Linkedin…) a contar lo que habíamos visto; y no pocas veces a presumir de haber sido los primeros en hacerlo. Google Plus introdujo con Search Plus Your World las búsquedas sociales. Volunia plantea, además, que cada vez que accedamos a un edificio encontremos allí a usuarios que, como nosotros, también buscan en esos edificios determinada información. Y que podamos hablar con ellos, compartir, interactuar, preguntar, dudar y responder. Es el salto del engagement por valor añadido, a la recomendación por bienestar, empatía y complicidad, en tiempo real y sin cortapisas.
Por eso las búsquedas en Volunia entregan como resultado “mapas” al estilo del clásico SimCity (edificios), o una alternativa a modo de cuadrícula; una suerte de “curado” de contenidos donde, si no encuentras algo por palabras clave, probablemente lo encuentres por la cercanía de intereses de otros usuarios, y en un formato visual. Menos afinar el tiro y más brujulear. Menos operar contra una base de datos y más jugar con el movimiento vivo, libre y espontáneo de la comunidad internauta. ¿2.0? Sí, 2.0 tazas de 2.0.
Esos son sus puntos a favor. Sus puntos en contra pasan por un desarrollo que se adivina muy dilatado en el tiempo… en una carrera en la que no importa llegar el primero, sino hacerlo mejor. Ése es el motivo por el que Google desbancó a sus predecesores. Y también el mismo por el que nada le impide tomar prestadas las ideas de Volunia… e incorporarlas a su interfaz, mejoradas, optimizadas o simplemente más “bellas”.
En una palabra, Volunia apela al intelecto, pero el usuario online no siempre se guía por lo razonable. Como casi todo en la vida, hay factores emocionales, estéticos y no siempre confesables, que explican el éxito, el fracaso o el rebrote de un proyecto. Que les pregunten si no a los creadores de Instagram, Pinterest, Tillate… y otras muestras de la Social Media Triviality.
Alfonso Piñeiro











