Zero Dark Thirty, la película que trata de cómo fue localizado y eliminado Osama Bin Laden… ¿te suena? Te preguntarás qué tiene que ver con métricas. Vamos paso a paso.
En un momento del film, cuando el líder de Al-Qaeda ya está a punto de caramelo para ser eliminado, se deja la decisión de un posible ataque en manos de un comité de crisis. Un asesor de seguridad nacional que forma parte de dicho comité pone en entredicho la viabilidad del ataque basándose en la falta de pruebas y de indicadores fiables que demostrasen con absoluta certeza la localización de Bin Laden. La argumentación para no realizar el ataque resulta perfectamente razonable, a la par que exasperante para el espectador y está argumentada de forma excelente.
El director de la división de la CIA que se había encargado de la localización de Bin Laden, también miembro del comité de crisis y que arde en deseos de poner en marcha la operación, desarma al asesor con algo mucho más real que cualquier prueba de certeza absoluta. Su respuesta:
“Eso es verdad y estoy de acuerdo con todo lo que ha dicho. Me refería a que un hombre en su puesto… ¿cómo evalúa el riesgo de no hacer algo? ¿Umm? El riesgo de permitir que Bin Laden se le escape de las manos. Esa es una pregunta fascinante.”
Esa es la métrica inaudita, de la que nada se oye porque nadie habla de ella: ¿cuál es el riesgo de no hacer algo?
La implantación de un programa de social media o de social business requiere una serie de indicadores iniciales que aseguren la viabilidad y rentabilidad del proyecto. Eso es obvio. Pero hay personas que exigen indicadores que demuestren con certeza absoluta el éxito de la iniciativa. Lo quieren con pelos y señales. Y cuando tengan todos esos datos, pedirán más. Y cuando los tengan, pedirán entrar más en detalle en cada una de las áreas. Y cuando se hayan desglosado todos esos detalles, entrarán en juego nuevos directivos con sus opiniones y sus exigencias de información adicional para fundamentar una decisión que posiblemente nunca se producirá.
El resultado, en estos casos, lo constituye la parálisis por análisis. No es ni más ni menos que un presunto perfeccionismo que finalmente resulta absurdo y que no lleva a ninguna parte. Se analizan tanto las cosas que nunca se pone en marcha nada. Ese es el momento de aplicar la métrica inaudita: puede que no pase nada si no pones en marcha un programa de transformación empresarial basado en social media, pero también puede que en 10 años la empresa ya no exista… ¿Qué riesgo es mayor?
Es la lucha de la ejecución frente a la obsesión. Un líder de verdad no cae en la parálisis por análisis.
Y hablando un poco de todo… yo sólo sé una cosa con certeza absoluta. ¿Y tú?
Stephan Fuetterer












