Modas. Tendencias. Llegan. Sorprenden. Algunas se quedan. La mayoría se van. Pero ¿nos paramos a pensar en ellas? ¿Qué significan? ¿Cómo están construidas? ¿O simplemente las damos por ciertas y nos subimos al carro?
Últimamente me hago muchas preguntas sobre el social business. La primera: el término. ¿Cómo está formado? Social + Business. Simple, pero ¿correcto? En los últimos meses se ha hablado mucho de una evolución: “del social media al social business”. Yo mismo he defendido un proceso que ahora cuestiono, porque la evolución lógica sería “del business al social business” o en todo caso “del social media al social media business”, ¿no? Coherencia.
¿Qué ha pasado con el término “media”? Cuando hablamos de social business, ¿no nos estamos refiriendo a entornos comunicativos (en este caso, redes sociales) que contribuyen a sacar mayor rentabilidad (en términos de negocio) a las empresas? Entonces, ¿por qué suprimimos toda referencia a la comunicación en el término?
Segunda pregunta (aunque ya van unas cuantas): el significado. Hay 3 corrientes relacionadas con el social business (o alguna más). Una, la más utilizada: cómo sacar rentabilidad a las redes sociales. Dos (muchas veces mezclada con la primera): integrar las redes sociales en todas las áreas y departamentos de una compañía. Y tres, quizá la más “coherente” si atendemos exclusivamente al significado de las palabras: construir negocios más sociales, más humanos y que miren más por las personas.
Ahora que las empresas ya están en las redes sociales, que llevamos años generando contenidos, creando comunidades y buscando el engagement, llega el social business. Un intento por justificar que nuestro trabajo es rentable. ¿Es que antes no lo era? Sí. Y como somos así de inconformistas, queremos que lo sea aún más.
A mi juicio, la comunicación (de las compañías) siempre está vinculada con la rentabilidad. Persigas notoriedad, branding o un posicionamiento determinado, el fin último siempre es contribuir a “vender más” (por decirlo rápido). Si no, ¿por qué quiero que me conozcan? ¿Por qué me esfuerzo para que mi público me vea de determinada manera? ¿Para qué quiero ser visible, empático y dialogar con el público, con las personas?
Resumiendo: la definición es válida, atractiva y justifica muy bien a qué nos dedicamos (business communication). Pero el término social business tiene defectos “de fabricación”, carencias (obviar la comunicación me parece un delito) y, añadamos o no la palabra business a nuestro timeline, nos dedicamos al negocio. Al menos yo lo tengo claro.
El social media está madurando, tomando conciencia de sus responsabilidades, enfrentándose a sus temores, demostrando de lo que es capaz (ser rentable). En definitiva, el social business no es más que la adolescencia del social media. Y si el social business es la vía (lo es), las preguntas tienen que formar parte del camino.
Diego Rivera










