Cultura 2.0, Sociedad 2.0, Educación 2.0. Son los tres conceptos que viven conectados, y las ideas principales que desarrollábamos en el anterior post de Educación 2.0. Continuando en el largo camino que se abre cuando llamamos a la puerta de las redes sociales y su aplicación a la formación, y dejando atrás el análisis que realizamos sobre su integración en las edades más tempranas, vamos a dar un giro en el planteamiento para mirar de cerca la adaptación de este mundo Social Media dentro del ámbito universitario.
A día de hoy, la mayor parte de las universidades cuentan ya con perfiles dentro de las redes sociales y han adaptado sus sistemas para beneficiarse del dinamismo que permiten las nuevas plataformas. Facebook, YouTube, Flickr, Slideshare… Cada vez más redes sociales albergan información de estas instituciones, haciendo de ellas organismos mucho más accesibles y en los que la información fluye de forma más dinámica y eficaz.
Podemos ver algunos ejemplos. La Universidad Alfonso X el Sabio de Madrid mantiene un perfil en Facebook en el que cada día dinamiza los contenidos más relevantes de la vida universitaria: celebración de charlas educativas, participación en la feria Aula (estos días en Ifema), avisos diarios a los alumnos… La Universidad Europea lo hace por Twitter, entre otras redes, donde ha creado un espacio que cada día consultan de forma constante sus alumnos y otras personas implicadas. También la Universidad Complutense de Madrid se ha apuntado a la moda del Social Media y, además de las redes sociales, desarrolla blogs corporativos en los que habla sobre temas en particular que afectan a la Universidad.
Todas ellas, y muchas más, han creado auténticas comunidades en torno al ambiente universitario, integrando en su día a día a todas las personas influyentes y conectando entre sí cada uno de los rincones que muchas veces quedan aislados en estas grandes instituciones.
Aprender de y para los medios sociales
En esos nuevos modos que han surgido a raíz de la extensión de las redes sociales, los alumnos participan de una manera mucho más proactiva y se encuentran más implicados en el mundo universitario, recibiendo todos los contenidos sobre su universidad al instante, funcionando como emisores de información que a su vez transmiten lo que otros emanan.
Pero como en todos los aspectos de la vida, en este mundo hay defensores y también detractores de la integración de las redes sociales en la docencia universitaria. Son muchos los profesores que han visto en estas nuevas plataformas verdaderas oportunidades para con sus alumnos:
- Diálogos constantes
- Transmisión de la información a velocidades vertiginosas
- Facilidad de trabajo en el día a día
- Creación de grupos de trabajo virtuales
- Uso y análisis de las propias redes en el estudio de la realidad
- … y más alla
Pero también han surgido profesionales que no terminan de ver las ventajas que pueden extraer de los nuevos modos de comunicación y que dan más valor los perjuicios que éstos pueden llegar a provocar en la vida universitaria. Estos profesionales aluden a la gran capacidad de distracción de los estudiantes, a la comodidad que muchos muestran a la hora de trabajar o a la negativa que registran para involucrarse en determinados procesos, ya que existen alternativas (medios sociales) que les pueden motivar más. Son situaciones que, según ellos, se “acrecientan” según se van integrando cada vez más las plataformas sociales en el día a día estudiantil.
La solución a estas discrepancias se puede desarrollar con el paso del tiempo. Bien es cierto que cuando un nuevo modo de actuación se implanta, exige un plazo de adaptación en mayor o menor medida, un tiempo en el que los integrantes se adecúen a él y lleguen a optimizar su uso en busca de los objetivos para los que está establecido. Poniendo ejemplos: se trata de lograr que el alumno no tuitee mientras está en clase, pero que maximice los beneficios de Twitter cuando puede y debe hacerlo; se trata de compartir perfiles para alcanzar objetivos comunes, pero no para subir vídeos improcedentes o realizar comentarios inapropiados. Los malos usos y costumbres inadecuadas son siempre fruto de la novedad, pero todos confiamos en que vayan atenuándose con el paso del tiempo.
La empresa educativa
La compartición y publicación de contenidos son dos de los beneficios que permiten las redes sociales, pero tan sólo suponen el primer peldaño de una larga escalera que permite ascender a los pisos superiores. Si vamos más allá, podemos encontrar otros objetivos. Uno de los más importantes que puede ser alcanzado al utilizar estas nuevas plataformas es el de gozar de buena reputación online. Es en este nivel en el que nuestras miradas se dirigen al trabajo de muchas empresas de educación en el mundo Social Media.
Al igual que cualquier empresa, cualquier institución o incluso cualquier persona, las universidades son perfiles dinámicos que se mueven en el mundo y que generan opiniones, críticas, provocan reacciones y crean estados de ánimo. Como en todos los entornos, el universitario se compone de protagonistas, relaciones y opiniones. Y, por ello, las redes sociales deben aprovecharse para estas funciones también.
Muchas personas y empresas consideran que si no están en las redes, nadie hablará de ellas, pero no es así. La verdadera cuestión es que se hablará de ellas, pero si no están en las redes, no serán capaces de identificar quiénes están hablando de ellas, qué están diciendo y, lo más importante, no tendrán la capacidad de reaccionar ante esos comentarios. Para bien o para mal, la reputación existe y se nutre de infinitos factores. ¿Qué mejor que estar presente en el universo Social Media para analizar, reaccionar y trabajar en beneficio de esta reputación?
En este sentido podemos añadir otro objetivo esencial para las universidades, que además se integra en su modelo de negocio: la captación de futuros alumnos. Es una necesidad en la que las redes sociales pueden ayudar en gran medida, en primer lugar, por su condición informativa, en tiempo real y de manera directa, atendiendo las consultas de los usuarios personalmente; en segundo lugar, por las posibilidades que ofrecen para interactuar con alumnos ya matriculados y obtener recomendaciones desde sus perfiles. En estos aspectos los medios sociales cobran un papel fundamental. De hecho, en periodos clave como el final de curso o en los meses previos a las matriculaciones, las referencias a las instituciones universitarias se disparan en internet, y su posicionamiento aumenta de manera considerable.
La universidad es un entorno muy especial. Integra perfiles muy heterogéneos que permanecen unidos gracias a un hilo conductor que es la docencia. Si en este mundo complejo introducimos los beneficios que ofrecen las redes sociales e internet, si seleccionamos las posibilidades que nos brindan y si realizamos un buen uso (en éstas y todas las nuevas herramientas que son consecuencia de la evolución), los beneficios son de todos. Por ello, formemos una gran comunidad en torno a la educación en todas sus etapas y continuemos esa estela marcada por los medios sociales que nos sigue llevando, de una forma cada vez más intensa, hacia un mundo 2.0 en su totalidad.
Marta Turiño




